Estrés y adicciones

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La mayoría de los autores concuerdan en que el estrés es un fenómeno relacional que expresa, de alguna manera, las complejas relaciones que los individuos mantienen con su ambiente. Por nuestra parte consideramos que el estrés es: un estado vivencial displacentero sostenido en el tiempo, que se acompaña en mayor o menor medida de trastornos psicofisiológicos, y que aparece en un individuo producto de relaciones alteradas con su ambiente, que le impone demandas ante las cuales no tiene control o cree no tenerlo (Zaldívar, 1966).

Novaes (1987) señala que resultan numerosas las razones de índole personal que pueden llevar a la drogodependencia, y relaciona entre ellas las siguientes:

1. Para mejorar la auto-imagen, algunas personas piensan que el tóxico los hace más interesantes, más desinhibidos o atractivos.
2. Para escapar del dolor, del fracaso, de tener que tomar decisiones, para hacer que los problemas no parezcan tan grandes.
3. Por curiosidad.
4. Por no saber decir no a la presión del grupo.
5. Para reducir sentimientos negativos
6. Por desinterés espiritual.
7. Por adoptar una actitud hedónica frente al mundo, a partir de considerar que el placer debe ser obtenido a cualquier costo.
8. Por la inhabilidad para lidiar adecuadamente con el estés.

A pesar de que este autor hace explícita la razón de la inhabilidad para lidiar con el estrés, en la lista que nos presenta podemos observar varias razones que de una u otra manera se relacionan con estados tensionales y ansiedades que pueden ser propiciadoras de estados de estrés y a veces consecuencia del mismo (por ejemplo la 5 y la 6).

Las estrategias fallidas para el control del estrés, en muchos casos llevan a los sujetos al empleo de estrategias de afrontamiento inadecuadas y peligrosas para reducir las reacciones de tensión y ansiedad o el estrés excesivo mediante la utilización de sustancias psicoactivas, entre las que se encuentran el tabaco (nicotina) el alcohol, la marihuana y otras drogas. Estas sustancias por su carácter tóxico, constituyen estresores biológicos de gran importancia cuyo impacto sobre el individuo (físico, psicológico, individual, familiar y social), lo expone posteriormente a mayores tensiones y estrés.

Las personas con pocos recursos para lidiar con el estrés, pueden encontrar en el uso de drogas una vía para reducir la tensión y lograr un cierto “control” sobre el mismo. Los sujetos con mayor resistencia al estrés suelen poseer un conjunto de características específicas, como: apertura y tolerancia a los cambios, tendencias a comprometerse profundamente con lo que hacen, sentimiento de tener control sobre los acontecimientos de su vida, etc.

En estudios realizados por A. Muñoz cuyos resultados fueron presentados en un artículo aparecido en Internet, se refleja como los sujetos con baja tolerancia a la frustración y por lo tanto muy vulnerables al estrés, tienden al uso de distintas sustancias psicoactivas como estrategia para lidiar con sus estados anímicos negativos, sus tensiones y su distrés.

A partir de los estudios clásicos de Holmes y Rahe sobre los eventos vitales y el estrés, y su impacto en la salud y el bienestar humanos, mucho se ha profundizado sobre la rapidez y la complejidad de los cambios que se producen a nivel social que repercuten sobre los modos de interacción y el modo de vida de las personas al ocasionar grandes y negativas consecuencias sobre el psiquismo humano y la salud en general.

Precisamente en las investigaciones en las que se vinculan eventos vitales y estrés con trastornos psicológicos y otros, vuelve a resaltar nuevamente el tema de las adicciones. Así Ozámiz (1992) plantea que en los estudios realizados al efecto, las reacciones psicológicas asociadas a los eventos vitales suelen ser agrupados en las tres direcciones siguientes: el trastorno psicológico, el desorden psiquiátrico y el comportamiento psicopatológico, dando las siguientes definiciones de estos:

“El trastorno psicológico es definido como un estado general, de malestar indicado por uno mismo, por cambios psicológicos y corporales tales como problemas en el sueño, temblor en las manos, etc., y también por cambios en el estado de ánimo (decaimiento, depresión, ansiedad).

Al hablar de desorden psiquiátrico se hace referencia a una total desorganización cognitivo, emocional o de las funciones del comportamiento, indicados usualmente por diagnósticos clínicos diversos de neurosis o psicosis.

Por comportamientos psicopatológicos se hace referencia a acciones contra uno mismo u otros que pueden ser indicadores de desórdenes psiquiátricos como intentos de suicidio, impulsos violentos y adicción a las drogas y al alcohol.”

Resumiendo, el estrés puede actuar como factor predisponente para el uso y abuso de sustancias psicoactivas, buscando con ello, de manera consciente o inconsciente, modificar los estados afectivos negativos asociados al mismo, la reducción de las tensiones y la búsqueda de cierto equilibrio que a mediano o largo plazo termina en desequilibrio existencial.

Fuente: www.sld.cu

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