Alcoholismo: ¿Vicio o Enfermedad?

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Anteriormente, el esfuerzo por erradicar el abuso del alcohol se había limitado a tratar de controlar o limitar la producción de esta sustancia, así como también, a controlar y penalizar a la persona intoxicada. Finalmente, y tras años de experimentación y estudio, en 1956 se consideró al alcoholismo “una enfermedad” (OMS).

No fue fácil ni para profesionales en el ámbito médico ni para el público en general, aceptar esta realidad. La mayoría de las personas consideraban que esta sería la excusa perfecta para justificar el hecho de que la persona siguiera bebiendo cada vez más. Por ello, se rechazó de inmediato la idea de que el alcoholismo pudiera ser una enfermedad. No obstante, hubo otros que vieron en esta definición una nueva vía de posibilidades…

De esta forma, surgieron una serie de modelos para el tratamiento del alcoholismo que dejaban de considerar el hecho como un vicio o una falta o flojedad de carácter para abordarlo como lo que realmente es, una enfermedad.

Así, comenzaron procesos de investigación en los que el objetivo era determinar cuáles eran las características concretas de esta enfermedad. Determinando las características sería más sencillo poder establecer un tratamiento adecuado.

En el desarrollo de los diferentes estudios se pusieron de manifiesto determinadas evidencias que venía a chocar, frontalmente, con las concepciones que hasta el momento, se tenían del alcoholismo.

El alcoholismo, considerado siempre como el problema principal de una persona, paso a ser un síntoma de un desajuste multifactorial en las diferentes esferas que componen la vida de una persona. En la vida de esta persona, el alcohol funcionaba como un catalizador, una herramienta que permitía aliviar su malestar interno.

Consecuentemente, el objetivo principal de estos nuevos modelos de intervención en alcohólicos consistía en que la persona afectada tuviera, antes que nada, información y conciencia de la enfermedad que padecía. De ahí, podría plantearse el siguiente objetivo: cómo hacer que la persona se responsabilice de ella misma. Pero no solo en el ámbito de sus responsabilidades materiales o externas sino responsabilidad en el ámbito emocional o interno. Es, en este punto, donde radica el origen del alcoholismo. No sería aventurado definir al alcohólico como un analfabeto emocional. La incapacidad para que la persona pueda indentificar, en un primer momento, y aceptar con posterioridad, las emociones y sentimientos que experimenta en cada momento de su vida es la base, sin olvidar componentes bio-psico-sociales que también confluyen, de la aparición de la enfermedad.

Hay una frase que explica perfectamente el cambio de percepción que los nuevos modelos incorporan: “Una persona no se hace alcohólica por que consuma alcohol; consume alcohol por que es alcohólica…”

De esta forma, la condición de alcohólico no la determina el consumo de la sustancia, sino otra serie de factores que hacen que una persona llegue a abusar del alcohol para intentar dar respuesta a situaciones y acontecimientos en su vida que de manera natural, no alcanza a solucionar.

Sería como decir que se puede ser alcohólico sin beber. Y como se entiende esto?. Sencillo. El alcoholismo es una forma de afrontar la vida y el alcohol es lo que el alcohólico utiliza, en su creencia, como ayuda para poder afrontarla.

Hoy por hoy, cualquier programa de tratamiento para alcohólicos o cualquier modelo de intervención terapéutica que no considere que el alcoholismo sea una enfermedad, está condenado al fracaso.

Casualmente, los modelos de tratamiento a nivel mundial que mas efectividad están demostrando son aquellos que, además de considerar al alcohólico como un enfermo desde el aspecto físico también consideran al alcohólico como un enfermo desde el aspecto emocional.

El alcoholismo es una enfermad emocional. Una enfermedad del alma……

Fuente: alcoholismo.biz

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