Drogarse para dejar de drogarse ¿un viaje sin retorno?

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Las drogas, sean legales o ilegales, implican por parte del drogadicto una pérdida de voluntad en la mayoría de los casos. La polémica surge al intentar elegir la forma de recuperar la independencia de la adicción que se sufre: ¿hay que recurrir a otras drogas o hay que potencial la voluntad.

Si nos centramos en la adicción al tabaco o a los cigarrillos mejor dicho (porque de tabaco poco y nada), recientes estudios agregan una nueva droga las pocas que se utilizan para ayudar a dejar de fumar aprobada en Estados Unidos: vareniclina. Esta droga se suma a la ya hace más de 10 años comercializada bupropión, pero al parecer es estadísticamente más efectiva.

Es cierto que las drogas o medicamentos que se usan para ayudar a dejar de fumar, al margen de tener un muy bajo índice de éxito (alrededor del 20%) no son adictivas, y por lo tanto son en teoría un puente para alejarse del tabaco. Pero también hay que pensar, como dice un dicho japonés, en “resolver el problema, no la culpa”. Y el problema de que una persona se haga adicta, ya sea al cigarrillo, al alcohol, al hatchis o a la heroína (por sólo mencionar unas pocas) no es un problema fisiológico, sino un psicológico y social: específicamente un problema de voluntad, de normas y costumbres saludables, y de objetivos definidos.

Cada uno es dueño de hacer lo que quiera con su vida…pero, precisamente, si alguien quiere dejar de fumar y “no puede”, debería intentar (salvo casos patológicos excepcionales) volver a tomar las riendas de su vida diciendo “si puedo”, y no apoyándose en la muleta de una nueva droga. Esta es, por lo menos, nuestra opinión.

Fuente: www.andinia.com

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